Las Tres Pubertades: 8 días, 12 años y 14 años

Un concepto innovador introducido por Gautier es que el ser humano atraviesa tres fases puberales diferenciadas, ligadas al despliegue pleno de la Glándula Intersticial y al equilibrio endocrino:

Primera pubertad (neonatal, alrededor de los 8 días de vida)

Ocurre en el recién nacido durante la primera semana de vida. Se manifiesta por una activación hormonal neonatal visible –por ejemplo, puede observarse una leve tumefacción de las mamas y genitales del lactante, “menstruo” en las niñas– originada por la súbita estimulación postnatal de tres glándulas endocrinas ya formadas en el feto: la hipófisis (pituitaria), la tiroides y las suprarrenales. A los 8 días estas glándulas liberan una oleada de hormonas que empuja a la glándula intersticial a ponerse en funcionamiento, elevándola al mismo nivel funcional que las otras tres . Es un proceso de arranque hormonal que marca el inicio de la autonomía endocrina del bebé fuera del útero. 

Gracias a esta primera pubertad, la intersticial comienza a ejercer su papel regulador temprano, equilibrando a la hipófisis, tiroides y suprarrenales en un circuito de retroacción mutua . Cabe notar que en especies animales no existe un equivalente a esta pubertad neonatal: en los animales la intersticial ya funciona intraútero, pues su desarrollo no está orientado a lograr un libre albedrío consciente como en el ser humano . En el humano, en cambio, esta primera pubertad “extra-útero” consagra a la glándula intersticial como la glándula del equilibrio, iniciando al bebé en su evolución moral e intelectual propia de nuestra especie.

Segunda pubertad (pubertad típica, 11-12 años)

Corresponde a la pubertad convencional, cuando maduran los órganos sexuales y aparecen los caracteres sexuales secundarios. Ocurre aproximadamente entre los 11 y 12 años de edad, desencadenada nuevamente por cambios endocrinos que reactivan la intersticial para acompañar el desarrollo de la función reproductiva . En esta etapa se despiertan las células germinales dormidas (espermatogonias en el niño, ovocitos en la niña) y se alcanza la madurez sexual. 

La hipófisis y las gónadas aumentan la producción de gonadotropinas y hormonas sexuales, y la glándula intersticial debe adaptarse a estos cambios para mantener el equilibrio general. Gautier remarca que, aunque visible en lo físico (crecimiento, cambios de voz, menstruación, etc.), la esencia de la pubertad adolescente sigue siendo endocrina y de regulación intersticial, al igual que la primera.

Tercera pubertad (adolescencia tardía, 14 años)

Es una fase más sutil que ocurre hacia los 14 años y suele pasar inadvertida, pues no conlleva cambios corporales dramáticos . Gautier la describe como una “estimulación suplementaria” del sistema endocrino que infunde en el adolescente un idealismo especial y una generosidad moral transitoria. En torno a esta edad muchos jóvenes experimentan un despertar de inquietudes filosóficas, espirituales o altruistas, un sentido exaltado de justicia o de propósito, que según Gautier estaría ligado a ese último empuje funcional de la glándula intersticial. Aunque a veces este idealismo se atenúa pronto bajo influencias del entorno adulto , marca un pico en la maduración psicológica. La tercera pubertad confirmaría así el papel de la intersticial en dotar al individuo de capacidades volitivas, afectivas y éticas propias de la madurez humana.

Gautier subrayó que las tres pubertades comparten el mismo mecanismo glandular fundamental : son oleadas de reajuste endocrino (particularmente de la intersticial en relación con las demás glándulas) que permiten sucesivas transformaciones —del neonato dependiente al niño autónomo, luego al ser sexualmente maduro y finalmente al joven con conciencia moral propia—. Este concepto amplio de pubertad resalta la continuidad del desarrollo endocrino humano más allá de la definición estrictamente reproductiva.

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El método Equilios es un enfoque terapéutico desarrollado a partir de la Endocrino Psicología que utiliza un dispositivo de estimulación electromagnética de baja frecuencia para actuar sobre el sistema endocrino, con especial énfasis en la glándula genital intersticial, reconocida como la responsable del equilibrio glandular.